Aunque sus fans y el estribillo de la cortina no lo querían “las estrellas que no se pagan” llegaron a su fin.

Desterrando aquel costumbrismo que supo instalar, esta vez Pol-ka jugó al extremo con la estética y ética de una clase media alta acomodada, encarnada en un elenco de cinco mujeres lindas, jóvenes, y casi homogéneas en su carácter (salvaguardando algunos matices en los personajes, como el de Violeta Urtizberea con su síndrome de Tourette).

Pol-ka representó la estética y ética de una clase media alta acomodada, encarnada en un elenco de cinco mujeres lindas, jóvenes, y casi homogéneas en su carácter

Virginia (Cid), en el último capítulo junto a su bebé. Ph: prensa El trece.

El escenario para el reencuentro de cinco hermanas (que también fueron Socias) se dio en una Buenos Aires pulcra, sin conflictos.

La ciudad “virgen” de departamentos modernos abrió paso a las historias de amores, bodas, frustraciones y deseos cumplidos, como el de la maternidad, a cargo de dos de las cinco protagonistas.

Ph: prensa El trece.

Homosexualidad y violencia de género: rupturas y continuidades

La más ¿rupturista? de la historia (¿es acaso hoy una ruptura hablar en una tira de un matrimonio homosexual?) se produjo con la muy comentada historia de amor de “Flozmin”, a cargo de Julieta Nair Calvo y Violeta Urtizberea.

La guionista Marta Betoldi presentó el vínculo como una historia de amor y auto-descubrimiento de los personajes (sobre todo el de Urtizberea, que comenzó la tira saliendo con un hombre).

Así, a diferencia de lo que sucedió, por ejemplo, en El maestro, en Las estrellas este noviazgo se sobre-representó. Es decir, que no apareció como un componente más de la historia , sino que se conflictuó, buscando el tan esperado suspenso en la audiencia ávida (como se vio en las redes sociales) por el triunfo del amor “por sobre todas las cosas”. Y el casamiento, obviamente, fue ampliamente celebrado en las redes sociales.

A diferencia de lo que sucedió, por ejemplo, en El maestro, en Las estrellas este noviazgo se sobre-representó y conflictuó.

Ph: Prensa El trece.

Polémica y aclaración

La violencia de género fue otro de los temas de agenda social que hicieron mella en la ficción, y en esto sí, de una manera muuuy rupturista, si se tiene en cuenta la sensibilidad o concientización generada.

El machismo no se abordó como problemática, sino que apareció en algunos comentarios con un halo de humor del personaje de Luciano Castro hacia el de Marcela Kloosterboer (“vas a aparecer en una zanja flotando. Saberlo”, fue uno de ellos). Las frases llamaron la atención y generaron una reacción: en el programa del 13 de noviembre se vio un cartel con una postura ética que palió la polémica.

La violencia de género fue otro de los temas de agenda social que hicieron mella en la ficción, aunque no se abordó como problemática.

Ph: captura.

Lamothe desendulzó el final

Julio Chávez dijo alguna vez que él cuidaba su vida privada para cuidar su vida pública. Se refería y quería cuidar la idea que la audiencia podía tener sobre él al momento de creerle un personaje.

En el otro extremo (y sin ánimos de juzgar por el bien o mal) se ubican otros actores menos “guardados”, como el caso de Esteban Lamothe.

Mientras en la televisión se emitía el último capítulo y en Twitter el programa era TT, el actor se despachó con un mensaje en la red social de una intensidad de quien guarda una espina durante una temporada entera. Y entonces las estrellas tuvo su final con una polémica que le da de comer y beber al relato farandulezco de la Tv argentina.

En su luz, Las estrellas arrojaron un rating triunfal (compitieron con Fanny la fan, de la factoría Underground, que esta vez no llegó a hacer pie), y una historia con humor, temática y estética fresca.

Ni mucho más ni mucho menos, pero ¡muy! suficiente para sostener el prime time de El trece durante 2017.

Ph: prensa El trece